Crisis, oportunidad y crisis

Esta semana, el gobierno de los EE.UU. suspendió diversas visas, incluyendo aquella para trabajadores extranjeros, la famosa H1-B, para lo que queda del 2020. Una mala noticia para la industria tecnológica de aquel país, pero, potencialmente, una buena noticia para Argentina.

Con anterioridad a esta decisión, los EE.UU. otorgaban hasta 85.000 visas H1-B anualmente. Y de éstas, casi el 75% correspondían a pedidos de la industria tecnológica. Esto puede ser percibido por cualquiera que tenga relación con empresas tecnológicas de aquel país, en las que abundan los trabajadores extranjeros. Por lo tanto, y sobre todo si las limitaciones se mantienen en el tiempo, puede ser una medida que atente contra la innovación allí por cuanto los EE.UU. perderán acceso al talento proveniente del exterior.

Es posible pensar entonces que, si los trabajadores no pueden ir a EE.UU., las empresas de ese país irán a buscarlos al exterior, no para llevárselos sino para que trabajen para ellos desde sus países de origen. Algo no muy complicado para una actividad donde abunda el outsourcing, así como el teletrabajo.

Por lo pronto hay una ventana de oportunidad de mínimo 6 meses que podría ser aprovechada por la industria del conocimiento local. No obstante, ésta aún espera la sanción de la nueva ley de Economía del Conocimiento (se debía debatir mientras esto era escrito), teniendo en cuenta que la que estaba vigente está suspendida desde enero pasado.

Claro que con lo instalado que está el teletrabajo en el sector tecnológico, esto también puede ser una oportunidad para los profesionales argentinos, quienes podrían trabajar directamente con empresas de EE.UU. sin pasar por las locales. Con ingresos en dólares (que con algo de ingeniería financiera serían al valor real de mercado y no a la cotización oficial), algunos de estos profesionales podrían inclinarse a trabajar directamente para el exterior, sin pasar por las empresas locales.

Para la CESSI (Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos) el hecho de que programadores sean contratados directamente para trabajar en forma remota desde el exterior puede tener un alto impacto desde el punto de vista fiscal (aunque pareciera que asumen que éstos no tributarán nada en el país), lo cual está resumido en el siguiente cuadro:

En definitiva, una razón adicional para que el Congreso (y luego el Ejecutivo) termine de definir la ley que potenciaría a un sector que ya está entre los principales exportadores y que serviría para “retener” el talento local frente a una posible demanda del exterior.

Enrique Carrier
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