Crisis = Oportunidad

Crisis = Oportunidad
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La última semana trajo mucha expectativa en relación con el marco político y económico resultante de los cambios en las áreas vinculadas a la economía del gobierno nacional, culminando en la “coronación” del ahora ex presidente de la cámara de diputados, Sergio Massa. Su designación al frente del nuevo ministerio de economía no pasó desapercibida para el sector de las telecomunicaciones. Se trata de un hombre que ya desde su cargo anterior tenía mucha injerencia en éste, con línea directa de influencia tanto en el regulador Enacom, a través de su presidente Claudio Ambrosini, como en el operador Arsat, a través del ahora secretario de comercio Matías Tombolini. Ambos funcionarios de su riñón (utilizando terminología del periodismo político).

En lo concerniente a Enacom, hoy la especulación gira alrededor de si el mayor poder que concentrará Massa resultará en un Ambrosini “empoderado”, lo que podría otorgarle un mayor margen de maniobra. No se trata de un aspecto menor, considerando que la industria tiene dos grandes temas por resolver: el DNU 690 y 5G. Y ambos se relacionan entre sí.

Es muy probable que el tema 5G comience a moverse con más intensidad a partir de los cambios en el poder con un objetivo doble. Por un lado, mostrar gestión y avances concretos hacia la modernización de las telecomunicaciones en la previa a las elecciones del 2023. Por el otro, y al mismo tiempo, recaudar fondos tan necesarios en tiempos de exigencias de disciplina fiscal. No obstante, será muy difícil avanzar en 5G sin resolver el DNU, más particularmente si no existe la certeza de la fijación libre de los precios que den certidumbre en la recuperación de la inversión. Por lo tanto, es un tema por solucionar en los próximos meses si el objetivo, tal como fuera manifestado informalmente, es tener el proceso de adjudicación culminado hacia mediados del año próximo.

En la mesa de negociación no faltará la alternativa de, si no derogar, al menos modificar el DNU. Es difícil simbólicamente resignar el “Servicio Público”, por lo que quizás la estrategia pase por una nueva definición de éste para los servicios TIC. Podría ser una oportunidad de orientar el concepto de servicio público más hacia la generación de condiciones para el despliegue que a la determinación de precios y productos.

Aun resolviendo el tema DNU de alguna manera, en materia de 5G quedaría el factor fondos a recaudar. En este sentido, no habría que descartar un modelo de pago con bonos a valor nominal, un esquema que permitiría mostrar una recaudación más importante pero que no sería tan onerosa para los operadores y que, simultáneamente, serviría para reducir la deuda pública. Una jugada a tres bandas.

Más allá de las especulaciones, se presenta un escenario potencialmente favorable a la industria, amparada por las medidas cautelares y sin apuro por entrar en 5G por las inversiones que implica cuando todavía no hay un caso de negocio bien definido. Por lo tanto, la industria está menos necesitada por el momento de 5G que el gobierno, apremiado económicamente y ávido de mostrar avances en la gestión antes de las elecciones.

Por el lado de Arsat, al cierre de esta edición todavía no había novedades respecto de quién reemplazará a Tombolini. Ni siquiera indicios de si su sucesor será alguien de la línea de Massa o si habrá lugar para otras vertientes del partido gobernante. No hay que olvidar que la llegada de Tombolini tuvo sus turbulencias frente a un histórico como Pablo Tognetti que fue “degradado” y terminó renunciando con un fuerte portazo, al tiempo que también significó la salida de otros miembros del directorio en lo que pareció una lucha por espacios de poder entre líneas internas del oficialismo.

Como efecto colateral, la llegada de Massa al ejecutivo también genera inquietud en los proveedores chinos. El nuevo ministro de economía es visto y presentado como un filoestadounidense, lo que lo haría más permeable a las presiones de EEUU para dejarlos fuera o al menos restringir su participación en 5G. Una limitación que no sería sencilla de implementar. Aunque tampoco hay que dejar de prestar atención a las crecientes tensiones entre China y EEUU y el peso de este último en el mundo financiero internacional, del cual tanto depende Argentina.

Se vienen tiempos de definiciones. Sería bueno que no se demoren.

Enrique Carrier

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