De señales a plataformas

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No hace falta ser un observador muy avezado de la industria de los contenidos televisivos para darse cuenta de que, más tarde o más temprano, la tendencia por parte de los generadores de éstos a llegar en forma directa al público/consumidor traería un conflicto con lo que fue su histórico canal: los operadores de TV paga.

Por décadas, el negocio de la TV paga floreció en base a una necesidad mutua. De un lado, la oferta de contenidos (léase Warner, Sony, Disney y tantos otros) necesitaba de operadores de TV paga locales que actuaran de canal de distribución para los mismos. Del otro, los operadores que necesitaban de esos contenidos para sumarle valor a sus redes de distribución sean de cable, inalámbricas o satelitales. Claro que en esta relación había asimetrías. No era lo mismo un Cablevisión o un DirecTV negociando con Warner que un pequeño cable de una localidad del interior del interior. Es por esto por lo que varios pequeños y medianos operadores, tanto privados como cooperativas, se fueron asociando para generar las sinergias que les permitiesen una posición de más fuerza y escala, tanto en materia de contenidos como de infraestructura. Así surgieron, por ejemplo, Red Intercable (conformada por PyME de TV paga) o Colsecor (cooperativas).

Pero un día llegó la digitalización que sumada a la expansión de Internet empezó a poner patas para arriba a prácticamente todas las industrias, pero especialmente a aquellas basadas en contenidos, cuyos productos eran digitalizables: texto (libros, noticias), audio (música, radio), video (TV, cine). Y así como los contenidos se vieron ampliamente impactados, también lo fue la intermediación. Uno de los ejemplos más claros es el de actividades como el turismo, no sólo por la aparición de jugadores como AirBnB, sino también porque la oferta (líneas aéreas, hoteles, alquileres de autos, etc.) empezaron a comercializar directamente sus productos a través de Internet. Ya nada sería igual.

En líneas generales, con distintos tiempos según la actividad, los productores de contenidos se fueron adaptando. Los diarios comenzaron a darle más relevancia a sus versiones web y se hicieron multimedia (aun cuando todavía no está muy asentado el modelo de ingresos). Las discográficas intentaron resistirse inicialmente, pero luego de varios fracasos entendieron que su negocio era vender música, no soportes físicos. El video pareció seguir inicialmente el camino de la música, pero entendió más rápidamente que lo mejor era abrazar a las nuevas tecnologías. Sin embargo, quienes la tuvieron más difícil fueron los canales de distribución, montados para mover bienes físicos, que perdieron su razón de ser con la digitalización. Los kioscos de diarios que sobrevivieron son hoy un polirrubro, donde diarios y revistas ocupan cada vez menos espacio. Las disquerías prácticamente desaparecieron, quedando algunas especializadas que apuntan a un segmento de clientes que es apenas una mínima fracción de lo que fue. En el caso del video, por el lado del cine muchas salas fueron desapareciendo (convirtiéndose algunas en templos religiosos) al tiempo que los videoclubes son hoy un recuerdo noventista.

Dentro de este panorama, la TV paga vista como canal de distribución de contenidos en video es quien mejor viene resistiendo el impacto de la digitalización y la masificación del acceso a Internet de banda ancha. Es más, la digitalización sirvió para que el producto mejorara: mayor oferta de canales al romper el límite físico de la cantidad de señales que podía transportar un cable coaxil, una mejora notable en la calidad de imagen que se hizo de alta definición y la posibilidad de consumir bajo demanda y no sólo de manera linear. No obstante, la popularización de la banda ancha fue una oportunidad y una amenaza. Una oportunidad porque, inversión de por medio, pudo transformar su red de transporte de señales de video en una red de acceso a Internet, abriéndole las puertas a una nueva línea de ingresos. A tal punto que hoy, la de cablemódem es la más popular de las tecnologías de acceso a Internet en Argentina, representando el 56% del total de conexiones.

También es una amenaza, porque con contenidos independizados de la red de distribución, ya no es necesario ser cliente de un operador de TV paga para poder acceder a éstos a través de Internet. Esto se vio agravado por la decisión de algunos proveedores de señales de discriminar entre quienes son sus clientes directos y aquellos que llegan a través de un operador de TV paga. Por ejemplo, estrenando algunos títulos en sus propias plataformas OTT antes que en los demás formatos. Una situación que fue denunciada públicamente esta semana por la recientemente creada CLST (Cámara Latinoamericana de Servicios de Telecomunicaciones), apuntando al “empobrecimiento constante del contenido de los canales, ya que direccionan las mejores series y películas hacia sus plataformas, las cuales les permiten llegar en forma directa al consumidor, convirtiéndose así en un competidor desleal”. Cabe destacar que entre sus miembros se encuentra la argentina CACPY (Cámara Argentina de Cableoperadores e Internet PyMEs).

La tendencia de los proveedores de contenidos a llegar en forma directa al consumidor seguirá fuerte, tal como lo demuestran las iniciativas de Disney, HBO, Paramount y tantos otros. Pero esta atomización de la oferta es también la oportunidad para los operadores de TV paga de convertirse en agregadores. Algo que entendió Cablevisión hace ya unos años cuando lanzó Flow, bajo un modelo de TVE (TV Everywhere) que además de llevar su grilla a un formato online también sirve como puerta de entrada a otros servicios, como Netflix, HBO y otros. Un modelo replicado también por Movistar Play, DirecTV Go, Telecentro Play, Colsecor Play, Dibox Play, etc.

Claro que ser un agregador de contenidos no es para cualquiera. Hacen falta economías de escala para negociar los valores de éstos así también como para desarrollar la tecnología necesaria para operar un TVE. Es decir, una propuesta online de streaming lineal y bajo demanda que además permita acceder a plataformas de terceros, todo bajo una única interfaz. Un escenario que dará lugar a la mutación de las plataformas de TVE hacia un producto en sí mismo, independiente de la red, y que por lo tanto puede ser ofrecido por operadores/proveedores de acceso a Internet como un producto adicional. Una estrategia que está llevando adelante DirecTV, cuyo negocio de DTH no tiene perspectivas de desarrollo pero que le permitirá hacer valer sus escalas negociando contenidos, apalancándose en el acceso provisto por terceros. Lo único que cambia en este caso es que en vez de llegar directo al consumidor lo hace a través del canal de los ISP, que se ocuparían de la facturación y la cobranza.

Por ahora, los demás actores con plataformas de TVE como Cablevisión, Movistar y otros no optaron por su redistribución por terceros con red. No obstante, ante un escenario donde los proveedores de contenidos apuestan fuertemente a llegar directo al consumidor, el atractivo de plataformas de TVE que actúen como agregadoras será cada vez mayor (siempre que los dichosos derechos se lo permitan). Por lo pronto, hoy hay un atractivo adicional para llegar a través de una plataforma de TVE local: evitar los impuestos al dólar que recaen sobre los consumidores finales que pagan sus suscripciones a diversos OTT del exterior vía tarjeta de crédito.

En definitiva, el negocio está cambiando. Los operadores deberán también cambiar para adaptarse y no correr la suerte de los que ya no están.

Enrique Carrier