Dieta de fibra por Enrique Carrier

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Nadie duda de que la mejor forma de conectarse a Internet hoy, y por varios años más, es a través de la fibra óptica. Por su capacidad actual y futura y por sus menores costos de operación, es la elección no sólo para la migración de tecnologías previas, como el ADSL o el cable coaxil, sino también para todo despliegue nuevo. A punto tal que grandes operadores de TV por cable que ofrecen además acceso a Internet hacen sus nuevos despliegues con fibra óptica (caso Fibertel o Telecentro). En definitiva, es un seguro a futuro de que no faltará capacidad. Al menos, no por culpa del cable.

Argentina viene registrando un marcado aumento de los accesos de fibra óptica, que, si bien no son nuevos, tuvieron un fuerte impulso a partir de enero 2018. En ese momento se habilitó a los operadores de telecomunicaciones a ofrecer también servicios audiovisuales (léase, TV). Así operadores como Movistar o Claro comenzaron a desplegar muy agresivamente redes de fibra. En el caso de Movistar, como reemplazo del viejo ADSL. En el de Claro, como una red fija para llegar a hogares, complemento de su red móvil. Actualmente, entre ambas, representan el 78% de los accesos de fibra del país. El resto se distribuye entre decenas y decenas de PyME y cooperativas.

Este cambio regulatorio fue el que impulsó los accesos de fibra al hogar, que en el mismo 2018 avanzaron un 84% y en el 2019 treparon al 143%. Sucedió a pesar de que en ambos años el PBI argentino registró caídas del 2,6% y 2,1% respectivamente. Esto permite imaginar lo que podría haber sucedido en una economía en crecimiento, aunque fuera modesto.

No obstante, el fuerte avance, que llevó a la fibra a representar actualmente el 14% de todos los accesos a Internet del país, sufrió el año pasado un tropezón al pasar de un crecimiento del 143% en 2019 a apenas un 39% en 2020. En esta brusca desaceleración juegan dos factores: la pandemia y el DNU 690. En el caso de la pandemia, y particularmente durante los meses del aislamiento más fuerte, representó todo un desafío para los trabajos de despliegue, habiendo incluso dificultades para acceder físicamente a las redes en casos de mantenimiento o reparaciones. Luego, cuando el aislamiento comenzó a flexibilizarse, el DNU y, consecuentemente, el control de los precios, hicieron que varios proyectos se suspendieran. El escenario incierto generado por aumentos por debajo de la inflación puso en duda los niveles de ingresos de los prestadores de servicios TIC, lo que llevó a levantar el pie del acelerador de las inversiones.

La perspectiva para el 2021 no es mucho más optimista. Con un crecimiento de los accesos de fibra óptica del 4% en el primer trimestre, la proyección anual linear arroja un valor del 17%. Aunque probablemente en los trimestres posteriores el crecimiento se acelere, con este arranque del año será difícil repetir los valores del 2020 que, por el estado de desarrollo actual, tampoco es un gran número.

No obstante, el atractivo de la fibra óptica sigue intacto. Por un lado, por su mayor capacidad en momentos en que la digitalización de nuestras vidas ha dado un salto para establecer un nuevo piso mucho más alto que en los tiempos prepandemia. Por el otro, porque la fibra óptica tiene costos de operación mucho más bajos que los de las redes cableadas basadas en cobre, algo para nada desdeñable ante los ojos de los operadores TIC.

Lo concreto es que la fibra óptica está creciendo por debajo de su potencial, algo inadmisible en tiempos que demandan más y mejor conectividad. Este es el objetivo también del gobierno, aunque sus políticas no parecen estar dando resultados.

Enrique Carrier