El fin de la plata dulce

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Luego de un par de años donde, de la mano de la pandemia, las principales empresas tecnológicas mundiales tuvieron récords de crecimiento (de uso, ventas, ganancias o valuación), la situación cambió radicalmente durante este 2022, con despidos y recortes de gastos, así como cambios significativos de estrategias en algunos casos. Se trata, sin dudas, de un año de quiebre.

La pandemia fue, por decirlo de alguna forma, una bendición para las tecnológicas. El trabajo remoto impulsó fuertemente el uso de aplicaciones en la nube que pudieran ser accedidas en forma distribuida, desde suites de oficina como herramientas de comunicación y colaboración. El mayor tiempo de ocio disponible por el aislamiento, la falta de commuting, el cierre prolongado de muchos destinos de salidas (como cines, restaurantes, bares, etc.) impulsaron a su vez un salto en el crecimiento del streaming y el gaming, así como del uso de redes sociales. Asimismo, las limitaciones para el desplazamiento dieron un fuerte impulso a las compras online y al acceso remoto a bancos, consultas médicas, trámites de todo tipo. Esta explosión de la demanda de servicios varios llevó a las empresas a tomar más gente para trabajar e invertir en novedosos proyectos. Todo en un marco de dinero muy barato, con tasas de casi el 0%.

Sin embargo, la tendencia cambió a partir de principios de este año. Primero con la caída marcada de la valuación de muchas de las tecnológicas cuando aparecieron los primeros indicadores inquietantes. Luego, y consecuentemente, con los anuncios de ajustes en los egresos (un downsizing que algunos llaman rightsizing) que dieron lugar a una importante ola de despidos en varios gigantes tecnológicos.

Por supuesto, revisando cada caso también hay particularidades. Para aquellas empresas cuyos ingresos residen mayormente en la publicidad (Google, Facebook, Twitter, etc.), la crisis global hizo que estos presupuestos fueran recortados, generando ingresos que cayeron nominalmente o crecieron por debajo de la inflación (en dólares), implicando entonces una caída real. Hasta YouTube vio una merma de sus ingresos en un escenario, el del streaming, creciente pero cada vez más competitivo.

En el caso de Meta (ex Facebook), a la caída de los presupuestos de los anunciantes se le sumó el impacto negativo de las restricciones al seguimiento de la publicidad impuestas por Google, pero sobre todo por Apple. Estas pegaron fuerte en sus ingresos, por encima de los US$ 10 mil millones sólo en 2022, según estimaciones de la propia empresa. A esto se le suma su apuesta al metaverso, que le está dando pérdidas de entre los US$ 2 a 3 mil millones anuales. Demasiado para un proyecto a 10 años en estos momentos de la economía mundial.

Para Netflix, la caída de los presupuestos de publicidad no significó un problema, ya que recién ahora comienza a tenerlos como fuente de ingresos. Sin embargo, sintió el impacto de la competencia que floreció durante la pandemia y la mayor cantidad de alternativas para el consumidor. Por suscripción, con publicidad o modelos híbridos, las distintas plataformas disputan la billetera y el tiempo de los clientes. Una competencia que obliga a invertir más (y mejor) en contenidos. Y no la tiene fácil con tanques que son casi recién llegados, como Disney, que cuenta con un presupuesto para generación de contenidos que prácticamente cuadruplica al de Netflix. Con tantos y tan fuertes nombres en el mercado, Netflix dejó de ser el genérico del streaming.

Más allá de las particularidades de cada caso, y sin hacer un repaso exhaustivo de cada uno (donde figurarían nombres como Amazon, Intel, Cisco y otros también familiares), lo que todos tienen en común es el impacto de la suba de las tasas de interés, que hizo más caro financiar el crecimiento explosivo precedente.

En este escenario, los inversores empezaron a inquietarse ante la caída del valor de las tecnológicas, que cuentan (o contaban) con estructuras no acordes al momento y que comprometieron importantes sumas de dinero en proyectos de largo plazo (como el caso del Metaverso de Meta, que no es el único). La reacción lógica fue presionar para pasar la guadaña. Esto es lo que está pasando ahora que se acabó la plata dulce que todo lo financiaba.

El atracón reciente de demanda explosiva y financiación barata se convirtió abruptamente en una dieta estricta basada en reducción y congelamientos de plantillas, así como de inversiones más focalizadas y conservadoras. Un escenario inmediato con menos puestos y más postulantes, donde es esperable una reducción en los salarios, así como de algunos beneficios, y un mayor escrutinio de nuevos negocios que podría repercutir en el ritmo de innovación. Un golpe no menor para una generación que se desarrolló profesionalmente en una industria de abundancia y crecimiento constante.

Enrique Carrier

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