Hay que compartir

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Si bien el modelo de infraestructura compartida no es nuevo, en los últimos tiempos ha ganado más exposición y se ha ido materializando. Los casos más destacados fueron los de Telefónica-Sion, anunciado hace un par de meses, y, más recientemente, el anuncio por parte de Metrotel sobre su apuesta a la infraestructura compartida como servicio. Se trata de un modelo que puede aportar grandes beneficios a la conectividad en Argentina, acelerando la disponibilidad de fibra óptica y habilitando una mayor competencia entre operadores no ya a través de redes que se superponen sino a través de los servicios ofrecidos por estos sobre una misma red.

Una mayor disponibilidad de accesos de alta capacidad se hizo clave durante la pandemia, estableciendo un nuevo piso en cuanto a su demanda. A actividades que ya venían en franco crecimiento, como el consumo audiovisual (Netflix, Disney+ y tantos otros) se le sumaron otras que, aunque no nuevas, tuvieron un avance meteórico, como las videollamadas grupales (Zoom, Meet, Teams y otros) y el teletrabajo. Este último da muestras de que no va a desaparecer, con un retorno a la presencialidad que será híbrido para muchas organizaciones. Adicionalmente, el teletrabajo (que incluye un alto componente de videollamadas grupales) requiere de una mayor capilaridad de las redes de banda ancha fuera de los centros comerciales/laborales, así como una capacidad bidireccional más simétrica que la encontrada en la mayoría de los productos de acceso de banda ancha actuales.

Este nuevo escenario, a caballo del natural crecimiento de la demanda por capacidad que se hubiera dado de no haber existido la pandemia, exige a la mayoría de los ISP una rápida actualización, cuando no expansión de sus redes. Particularmente a aquellos que cuentan con tecnologías como la inalámbrica y ADSL. Los que operan con cablemódem todavía tienen margen para crecer en capacidad con sus redes actuales, aunque generalmente encaran todo nuevo despliegue directamente con fibra óptica. En definitiva, todos los caminos conducen a la fibra.

Los tiempos son otros, la tecnología es distinta y la conectividad se commoditizó. Durante años los modelos de regulación giraban alrededor de dos conceptos: la competencia de infraestructuras y la compartición de esta. La competencia estaba generalmente asociada a tecnologías que tenían sus raíces en distintos servicios previos a la convergencia. Así, la red de cobre telefónica que brindaba acceso a través de ADSL competía con las redes de cable coaxil de la TV paga, sumándose en algunos casos alternativas inalámbricas. Se trata de redes preexistentes que eran complementarias (telefonía y TV) pero que los avances tecnológicos hacia la convergencia pusieron a competir. Por su parte, la compartición era forzada por la regulación e impactaba principalmente a las redes telefónicas, tanto por motivos de dominancia de mercado (pertenecían a las incumbentes) como tecnológicas (las redes de TV por cable son complejas para compartir). Además de ser impuesta a los incumbentes, la compartición de las redes telefónicas de cobre tenía el conflicto de que el dueño era también un competidor de sus clientes-operadores. Y como mientras la tecnología evolucionaba hacia la fibra óptica, era claro que este modelo de compartición era temporario, hasta el despliegue de nuevas redes.

Hoy, con una industria convergente combinada, la competencia de infraestructuras pierde atractivo ya que resulta antieconómica la existencia de múltiples redes superpuestas ofreciendo los mismos servicios. Paralelamente, la migración hacia fibra óptica, exigiendo nuevos despliegues de redes, le quita argumentos a una compartición forzada. Este escenario da lugar al surgimiento y crecimiento de las llamadas “fibreras”, empresas que despliegan fibra óptica a nivel mayorista con capacidad para ofrecer infraestructura a múltiples proveedores de servicios a clientes finales. Así, a pesar de tratarse de una única red física, los consumidores (hogareños u organizaciones) pueden contar con distintos ISP, quienes ofrecen sus servicios con una inversión sensiblemente menor que si tuvieran que desplegar cada uno su propia red. Adicionalmente, se benefician de los menores costos que implican operar con una red de fibra, un factor que acelerará el apagado de las redes de cobre ya que será más costoso operar dos redes que tan solo una que, además, es más eficiente.

Esta es la lógica detrás del reciente anuncio de que DirecTV comenzará a dar servicios de conectividad en la Zona Norte de la provincia de Buenos Aires a través de la infraestructura compartida desplegada por Metrotel. Inicialmente, el servicio de acceso se ofrecerá en las localidades de Pilar y de Ingeniero Maschwitz, aunque el plan es extender y ampliar la zona de cobertura, en lo que sería la primera gran movida bajo la nueva gestión, hoy en manos del Grupo Wertheim. A su vez, el retomar la apuesta a la conectividad implica potenciar la oferta de su servicio de streaming DirecTV Go.

Otro factor que potencia la aparición de fibreras es que los municipios comienzan a convencerse de los beneficios de contar con buena infraestructura de conectividad. Se trata no sólo de las eficiencias logradas operando en sus distritos sino también porque son un factor para atraer y/o retener a sus habitantes, que pueden así operar a distancia y estando mejor conectados. En estos casos, el aporte de los municipios está en desactivar las trabas que los operadores de red encuentran a la hora de encarar nuevos despliegues, un tema recurrente para la industria de las telecomunicaciones, sin importar el tipo de servicio (fijo o móvil, cableado o inalámbrico).

Por supuesto, este proceso de despliegue de nuevas redes compartidas de fibra óptica no será inmediato. No obstante, también demuestra que a pesar de un marco regulatorio adverso luego de la entrada en vigor del DNU 690, la avidez por la fibra, tecnología que además tiene un horizonte de vida por ahora prácticamente ilimitado, será cada vez mayor. Queda sólo imaginar la velocidad que podría tomar si el regulador se ocupara de liberar estas fuerzas en lugar de reprimirlas. Tiene todo por ganar.

Enrique Carrier