MWC: Volver al futuro

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Esta semana tuvo lugar el Mobile World Congress en Barcelona, el evento más convocante de la industria de las telecomunicaciones a nivel global. Sin embargo, a la distancia quedó flotando la imagen de un gran déjà vu, a pesar de las clásicas novedades que presenta el evento.

Es cierto que el MWC viene de una racha negativa que ya acumula 3 años. A la suspensión en 2020 cuando estallaba la pandemia le siguió una edición 2021 muy devaluada, con alrededor del 10% de los asistentes en relación con la última edición “normal” de 2019 (a pesar de correr unos meses el evento a la espera de una pandemia que sólo pareció retroceder para tomar nuevo impulso). Así, la edición 2022 buscó más volver a la normalidad, si bien en términos de asistentes se ubicó en alrededor del 50% respecto de sus niveles prepandemia. Pero la suerte le sigue siendo esquiva. Esta edición arrancó prácticamente cuando comenzó la invasión a Ucrania por parte de Rusia, lo que le quitó amplios espacios en la cobertura mediática, así como atención mental en los individuos.

Yendo específicamente a los temas destacados, como no podía ser de otra forma mucho de lo que se habló giró alrededor de 5G. No faltaron cifras impactantes, como que en los últimos 5 años 1,4 millardo de personas se sumaron a quienes están cubiertos por redes de banda ancha móvil, faltando sólo 450 millones para lograr una cobertura total (lo cual no significa, claro está, que accedan al servicio). O como que se proyecta que a fin de este año haya un millardo de conexiones 5G en todo el mundo. Sin embargo, esta generación todavía está muy lejos de cumplir con todo lo que viene prometiendo desde el lanzamiento de su primera red comercial en abril del 2019, hace prácticamente 3 años.

En esto mucho tiene que ver que la industria arrancó mayormente por lo seguro: casi el 80% de los lanzamientos de 5G utilizan espectro de banda media, aquél que apunta inicialmente al uso de smartphones que, por el momento, no es muy relevante en cuanto a nuevos casos de uso. El uso en bandas bajas, muy propicio para el IoT, deberá esperar. Estas bandas prácticamente están todas en uso, tanto por servicios móviles como por otros varios. En estos casos, habrá que esperar al apagado de redes 2G y 3G (que se prevé se darán en lo que queda de esta década) para reutilizar ese espectro para 5G. Es por esto por lo que ahora las esperanzas parecen comenzar a depositarse en las bandas milimétricas (altas), que podrían ser las más indicadas para usos industriales por su gran ancho de banda y baja latencia, además de permitir a la industria móvil pisar fuerte en el acceso fijo a través de modelos FWA (acceso fijo inalámbrico). La industria en general debe trabajar para desarrollar los mejores casos de uso.

Claro que esta evolución no es barata. Según la GSMA Intelligence, en su informe “The Mobile Economy 2022” del cual se habló durante el evento, estima que las necesidades de inversión a nivel global serán de más de US$ 600 millardos entre 2022 y 2025. A razón de US$ 150 millardos por año, de los cuales aproximadamente el 85% corresponderá a redes 5G. Tiemblan los CFO de las telcos. Así se entiende por qué las grandes telcos volvieron a la carga con el tema de repartir el peso de la inversión, apuntando principalmente a los grandes jugadores de Internet que se apalancan sobre desembolsos realizados por terceros (las telcos). No obstante, es una pelea difícil. Por ello, adicionalmente los operadores acuden a los gobiernos para poder cumplir con sus objetivos, no a través de subsidios, sino asumiendo su rol al poner a disposición espectro móvil armonizado, en cantidades significativas y que sea asequible. También difícil, pero no imposible.

Un tema que estuvo presente en presentaciones y comentarios periodísticos fue que 5G está creciendo, pero a distintas velocidades en cuanto a inversión y desarrollo según las geografías. China pisa a fondo el acelerador en la materia (al menos en términos de despliegue). EE.UU. viene recuperándose del retraso inicial que le significó arrancar por bandas milimétricas. Mientras, Europa todavía sufre por las limitaciones relativas a las fusiones y adquisiciones entre operadores que impactan fuertemente frente a los altos niveles de inversión que hay por delante. El resto, salvo Corea, acompaña a lo lejos. Con este escenario, se perciben ciertos temores respecto de la posibilidad de una fragmentación global en términos de desarrollo. Ya antes del evento tuvo mucha repercusión una columna de opinión del ex CEO de Google respecto del retraso de los EE.UU. en la materia. Por otra parte, durante el evento se mencionó la estimación que indica que llevará hasta el final de la década para que Europa se ponga a la par de China en 5G. Una estimación que quizás no contempló los efectos económicos que la guerra ucranio-rusa tengan sobre la macroeconomía continental. Esto sin contar que en este MWC se comenzó a hablar con más frecuencia de 6G.

Por supuesto, y como no podía ser de otra forma, el Metaverso estuvo muy presente. Es asombroso lo rápido que el concepto prendió entre diversos actores, si bien todavía tiene mucho más de conceptual y de demo que de concreto. Pareciera que no hablar de Metaverso significaría quedarse en la prehistoria tecnológica.

De acuerdo con los comentarios de quienes asistieron, quizás lo que más entusiasmo generó en esta edición del MWC no fue tanto la tecnología sino la vuelta a la interacción de las personas. A fin de cuentas, el ser humano es un animal gregario.

Enrique Carrier