Nubarrones en el horizonte

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Luego de varios años seguidos con volúmenes a la baja, el año pasado las ventas de celulares lograron revertir la tendencia con un crecimiento del 60%, tal como surge del informe “Mercado celular argentino 2022”. Para este año se esperaban inicialmente repetir los volúmenes del año pasado pero diversos motivos se conjugaron para que haya hoy algunas faltantes de equipos nuevos. La razón: más demanda y menos oferta.

Por el lado de la demanda, se dieron varios factores para que, a pesar del actual contexto macroeconómico, ésta se sostuviera. Por un lado, es importante tener en cuenta que entre los años 2018 y 2020 las sucesivas caídas en las ventas en una macro compleja (caída del PBI, devaluaciones, Covid) hicieron que se produjera un retraso en la renovación natural de los equipos, principal impulsor de ventas en un mercado maduro, esencialmente de reposición. No obstante, los equipos se van desgastando igual (menor duración de batería, pantallas rotas, etc.) y llega un punto en que se hace inevitable su recambio. Por otra parte, en términos relativos, los equipos se fueron abaratando como consecuencia de una inflación que fue mayor a la devaluación del peso frente al dólar oficial. Además, el rendimiento negativo de distintas formas de inversión (tasas de interés por debajo de la inflación, dólar blue en retroceso hasta esta semana) hizo que quienes tienen exceso de pesos los dediquen al consumo de bienes durables. Así estos tres factores se combinaron para empujar la demanda.

Sin embargo, la oferta no pudo estar a la altura del empuje de la demanda. En esto influyen los problemas globales de abastecimiento. Bien sabido es que desde el año pasado la industria electrónica en general está sufriendo los efectos de la escasez de chips [ver “El petróleo del siglo 21”], impactando en la producción de celulares entre otros productos. Luego se sumó el rebrote de Covid en China, lo que llevó a durísimos aislamientos en ciudades como Shenzhen, sede de un gran número de fábricas de electrónicos, o Shanghái, que a su vez es un importantísimo puerto de entrada y salida de mercaderías, quedando paralizado, tal como se puede apreciar aquí.

Pero también el factor atenta contra una mayor oferta. En este caso, impacta el retaceo de los dólares para importación. El Banco Central cambió las condiciones de pago para importaciones, estirando los plazos de 120 a 210 días (o sea, de 4 a 7 meses). Esto, en un mercado con baja oferta, hace que los proveedores del exterior prioricen la venta a países que pagan más rápido. Es bueno recordar que, con una inflación anual en dólares del orden del 8,5%, estos 3 meses de diferencia pueden significar un “descuento involuntario” del orden del 2%. Así, entre marzo y abril hubo un desabastecimiento de partes que repercutió en la producción.

En principio, este desacople entre oferta y demanda no sería más que un bache temporario. Aunque la vida te da sorpresas. Y Argentina te da sorpresas adicionales.

Enrique Carrier