¿Qué pasaría si la inteligencia artificial contestara nuestros mensajes de WhatsApp?

¿Qué pasaría si la inteligencia artificial contestara nuestros mensajes de WhatsApp?
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Acelerar los audios no alcanza; vamos por más (y crucemos los dedos)

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook. En las últimas semanas los colosos de internet recibieron dos pésimas noticias: un proyecto de ley que limita su poder en EE.UU. y la asunción de Lina Khan en la Federal Trade Comission de ese país

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook. En las últimas semanas los colosos de internet recibieron dos pésimas noticias: un proyecto de ley que limita su poder en EE.UU. y la asunción de Lina Khan en la Federal Trade Comission de ese país

Seamos honestos: amamos la nueva función de WhatsApp que acelera los mensajes de audio. Sí, esos que, con numerosos escándalos virales en el medio, nos fastidiaron hasta la exasperación. Con la mano en el corazón, no me digan que no disfrutaron poner en 2x a ese hiperdenso que siempre envía audios de cuatro minutos y un poco más. No solo porque ahora perdemos menos tiempo, sino porque hay algo de revancha en oírlo como si fuera un muñequito hablando desde un estante en una película 3D para niños. Revancha se llama.

Por otro lado –y anoto esto porque es importante–, la nueva función de WhatsApp potenciará la viralización a niveles nunca antes vistos. Así, podremos oír los escabrosos comentarios de una celebridad o de un funcionario no solo como fueron dichos, sino también en modo parodia. Solo de imaginar algunas de esas declaraciones impúdicas pasadas a alta velocidad ya me da un ataque de risa. Memes con turbocargador, digamos.
Así que ya lo tengo configurado para que reproduzca todos los audios en 2x, o sea al doble de velocidad. Créanlo o no, muchos mensajes que antes me ponían los pelos de punta ahora no solo me divierten, sino que es bastante común que los vuelva a pasar. Por desgracia, la configuración de la velocidad de reproducción de los mensajes de audio de WhatsApp es para todos, indiscriminadamente, y, francamente, no le haría eso a una persona querida. Sí, ya sé, hay personas queridas que también abusan de su locuacidad, pero me gustaría que pudiera configurarse por contacto, no de manera global. Además, cuando uno dice que vivimos en una aldea global hay que tomárselo en serio. Es posible que le entienda a casi todos mi contactos argentinos a 2x, pero a mi querida amiga Paulina, que es mexicana, al doble de velocidad le entendí lo justo. Ni hablemos si me mandan mensajes en inglés, francés, italiano y así.

Redes de humo

Pero de todos modos, punto para Facebook (los dueños de WhatsApp). Porque de paso consiguieron que habláramos de otra cosa, y no de privacidad y de los graves problemas que las grandes tecnológicas enfrentan en este momento, no ya en Europa, sino en Estados Unidos, con un proyecto de ley para ponerle límite a su desenfrenado nivel de concentración y con la asunción de Lina Khan, crítica implacable de los monopolios, al frente de la Federal Trade Comission. Así que parecería que los colosos tecno no van a poder seguir haciendo lo que se les ocurra, sin límite, transformando internet, de suyo un ecosistema fértil para la innovación, en un páramo donde solo prosperan las ideas de un puñado de empresas. Habrá que ver qué dice la letra de la ley y qué hace Khan en la práctica, por supuesto; ya saben que tengo mis dudas que en un escenario tan disruptivo como el que estamos viviendo (y que vamos a seguir viviendo) los mecanismos legales convencionales sean el remedio adecuado. Tal vez sea peor el remedio que la enfermedad. Lo dejo anotado. Ya veremos si mi escepticismo era justificado o no.

The Wall

Pero para no dejar caer sal sobre la herida y ponerle un poco de humor a la cotidianidad dislocada que estamos atravesando, se me ocurrieron una serie de ideas que quiero generosamente ofrecerle a Facebook para volver a meter al genio dentro de la lámpara. Por genio no me refiero a Zuckerberg, que también estuvo estos días en las noticias cuando Roger Waters, el ex bajista y uno de los fundadores de Pink Floyd, rechazó ferozmente una oferta de Mark para usar Another brick in the wall para una campaña de Instagram. Con The Wall, no, Zuck.

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Ariel Torres

LA NACION