¿Quién vio un dólar?

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Desde hace un tiempo, el tema dólar ocupa siempre un espacio entre los títulos de los portales de noticias, diarios, programas periodísticos de radio y de TV. Y sus vaivenes impactan a múltiples sectores. Dentro de éstos, el tecnológico, por sus características intrínsecas, no escapa a la incertidumbre por los cambios constantes en el escenario.

En una economía como la Argentina que se acerca peligrosamente a una inflación anual de tres dígitos, los gobiernos suelen caer en la tentación de mantener un valor del dólar artificialmente bajo. Esto se debe a que la importación no sólo de bienes de consumo final sino también de insumos se encarece con cada suba del precio de dólar. El razonamiento entonces es que “pisando” el valor del dólar (como se hizo con las tarifas) evita su traslado a precios. Pero en realidad es una medida bastante inocua ya que los precios suben igual por efecto de la emisión monetaria. Y en definitiva, el dólar es un bien más de la economía y, tarde o temprano, se alinea con la evolución de los precios (muchas veces, bruscamente). Por lo tanto, este precio artificialmente bajo genera una mayor demanda por un bien que está barato. Resultado: no alcanzan los dólares para satisfacer la demanda. Consecuencia: empiezan las restricciones. Así llegamos adonde estamos hoy.

La actual gestión en Economía desembarcó para frenar el carro que iba derecho al abismo (aceleradamente), pero por ahora no hay señales de cambio profundo. Sólo medidas para evitar que la bomba explote y llegar a las elecciones del 2023. En otras palabras, es el bombero que trata de evitar que las llamas devoren totalmente la casa, pero no el arquitecto que viene a reconstruirla.

Dentro de esos paliativos, aparece el multidólar. Es que luego del éxito (en términos de acumulación de reservas) que implicó el famoso dólar soja (que ofreció por un tiempo limitado una cotización del dólar a los exportadores agropecuarios superior en alrededor de un 30% respecto del dólar oficial usado para el comercio exterior), la tentación de tener dólares “customizados” en función de intereses específicos fue muy grande.

Así vino luego el dólar tecno (para la exportación de servicios que implica una mejor cotización para el exportador en la medida en que cumpla ciertos requisitos). Y en los últimos días fueron sumándose “nuevas fragancias” para el verde Washington. A tal punto que ya hay individualizados 15 valores distintos para un mismo billete. Multiplicidad que responde básicamente a dos variables: quién origina la transacción de compra o venta (un exportador de soja, de servicios del conocimiento, de producción minera, un organizador de espectáculos artísticos, un individuo común, etc.) o qué es lo que va a pagar (una importación comercial tradicional, un servicio online, un paquete para ir a ver el Mundial, etc.). Digno de un país esquizofrénico.

Claro que estas medidas son alivios temporarios (como sucedió con el dólar soja) con un fin ulterior superior (aumentar las reservas) pero no constituyen una solución de largo plazo, sino que, por el contrario, tienden a agravar la situación. Por cada dólar que exportó una agrícola, el Estado le pagó $ 200. Del otro lado, un importador demandó dólares para pagar lo que compró en el exterior a cambio de $ 150 por dólar. O sea, el Estado pagó 200 lo que vende por 150. ¿Quién pone esa diferencia? El Estado. ¿Cómo? A través de emisión monetaria o nuevos endeudamientos. Se trata de asimetrías que hacen que estas políticas no puedan sostenerse en el tiempo. De allí las especulaciones de que tarde o temprano el tipo de cambio oficial deberá dar un salto (de dimensiones desconocidas).

Por supuesto, este escenario impacta de lleno en el sector tecnológico, muy dependiente de las divisas tanto para proveerse del exterior como, crecientemente, para vender fuera del país, no tanto bienes tecnológicos físicos pero sí servicios.

Empezando por estos últimos, las empresas de la economía del conocimiento exportadoras estuvieron entre las primeras en recibir un trato diferencial aunque, en un esquema bastante complejo (disponibilidad de un 30% de las divisas ingresadas por las exportaciones netas incrementales realizadas para pago de salarios, sólo un 20% del monto de las inversiones directas ingresado a valor oficial, más otras medidas no cambiarias). Entre los exportadores de servicios, esperan más beneficios los freelancers, a quienes se les prometió un “monotributo tech” que les permita ingresar buena parte de las divisas que generan en cuentas bancarias y sin necesidad de liquidarlas en el mercado oficial, ampliando el cupo actual de US$ 12.000 al año. Una situación que hoy los obliga a hacer piruetas financieras esperables cuando la brecha es de casi el 100%.

Mientras tanto, quienes sienten las restricciones a la salida de dólares son los importadores, tanto si se trata de bienes terminados como de insumos y materias primas para la producción local (tal el caso de Tierra del Fuego así como de los ensambladores de PC en distintas partes del país). Primero fue a través de la disponibilidad de divisas para pagos al exterior a 180 días (que terminan siendo en la práctica más de 210 días), exigiendo un crédito comercial inusual. Luego fue un acuerdo con los productores de Tierra del Fuego para recortar su demanda de divisas. Ahora se suma la inclusión de varios de estos insumos (como placas madre y memorias) dentro de aquellos alcanzados por las licencias no automáticas a su importación. Básicamente, una medida paraarancelaria que permite demorar en el tiempo cualquier operación.

En el caso de los operadores de telecomunicaciones, el panorama también es complejo. La constante actualización y mantenimiento de sus redes exige el acceso a dólares para poder importar la tecnología necesaria. Y no se trata sólo de equipamiento, también de servicios. Pero hasta la fibra óptica (insumo del momento si lo hay) ha caído víctima de las restricciones a la importación y, por lo tanto, a la salida de dólares**, impactando en los planes de despliegue de operadores de todo tamaño**. Adicionalmente, el timing de la medida seguramente será un tema en la mesa que reunirá a reguladores y operadores en momentos en que se definen las características del proceso de asignación de espectro para 5G. Aquí surgen dos preguntas. Primera, a cuál de los múltiples valores del dólar se pagará por el espectro. Segunda, si estarán los dólares necesarios para las inversiones que llevarán a utilizar dicho espectro.

Pero quizás lo que tiene más angustiados a varios es que los incentivos al tipo de cambio, así como las restricciones, pueden tener un rol paliativo y complementario en el corto plazo, pero no son una solución para los desbalances macroeconómicos estructurales. Así, todo indica que las discrecionalidades y las medidas “heterodoxas” en materia económica seguirán a la orden del día. Y con ellas, las dificultades para ejercer cualquier actividad, especialmente si está muy vinculada a las divisas. Argentina, campeona mundial de remo en dulce de leche (repostero).

Enrique Carrier